6 de julio de 2006

Creación de un personaje (I)

Leí en alguna parte una anécdota (e si non é vero, é ben trobatto) sobre Miguel Ángel. Sí, el escultor. Decía el genio que él simplemente quitaba el mármol sobrante. Con un par. Cuando uno es un genio y encima es humilde, a los demás nos hunde en la miseria.


Yo llevo semanas detrás de un personaje. Bueno, de dos. Se me ocurrió una idea para una tira cómica y ando buscando a sus protagonistas. Se trata de una pareja de la Guardia Civil, y me puse manos a la obra. El primer boceto que hice fue éste.



No está mal. Lo del bigote me gustó, la barba no tanto. Hasta ahora no he visto a ningún picoleto con barba. No, definitivamente, sin barba, pero con bigote. El barboquejo del tricornio tiene una pinta incómoda. Claro, cuando uno piensa en los civiles, les mete el tricornio de charol y ya está solucionado. Me pongo a hacer memoria y no sé dibujar la gorra que llevan. Me pongo a buscar documentación y pinto uno con gorra. Y empiezo a llamarle Mariano.



Vale, se ve fatal y eso es porque apreté poco el lápiz. No vamos mal, pero es como muy serio. Y a mí el dibujo serio se me da de pena, penita, pena. Como estoy jugando a un freeware de Robocop contra Terminator, le planto al lado a Alex J. Murphy.



Bigote, patillazas, cejas pobladas. Pero con esas patillas casi me parece un extra de Curro Jiménez. El siguiente intento me lo inspira un juguete de una gran superficie. Estoy haciendo la compra y me paso por el pasillo de juguetes a ver si le encuentro un avión a mi niño y unos bomberos me resultan de los más gracioso. Fijo la imagen en mi cabeza para dibujarla en cuanto llegue a casa. En cuanto llego, cojo el primer trozo de papel que pillo y aboceto a las bravas, con un pilot negro, encima de otros bocetos que tenía por ahí.



El bigote caído del bombero es muy triste, se lo subo y le pongo la gorrilla. Ahora está mejor, pero me resulta demasiado joven, y quiero que en la pareja haya un contrapunto de edades. Así que a ganar años y kilos.



Le tengo. Mecagoenlaleche que le tengo. Apenas he hecho el lápiz de los dos personajes, descarto al joven y me quedo con el mayor. Ése es mi sargento Mariano. Ahora estoy poseído por el frenesí. Hay que comprobar la vis cómica del personaje, así que a hacer caras y expresiones. Y en esas andamos.



Habrá que ver cómo le sienta el uniforme. Pues en el restaurante le dibujo con un chaleco reflectante...



¿Continuará? Porque ahora que lo pienso el sargento tiene un aire a mi padre...