2 de mayo de 2006

Batata

En agosto de 2000 conocí a un argentino al que sus amigos llamában -llamábamos- afectuosamente Batata. Alejandro, o Ale, era de lo más divertido. Siempre he dicho que me recordaba a mí con diez años menos. Siendo justos, he de decir que me parecía más divertido y simpático que yo mismo con su edad. No es que ahora me ponga en plan viejo cascarrabias, hablando de edades y juventudes. Ale murió en Septiembre, apenas un mes después de conocerle. Sin comerlo ni beberlo, se metió en un tiroteo entre la policía y unos atracadores y le metieron tres balazos.



Cualquiera diría que dejó poco. O mucho. A mí me mandó por correo electrónico un chiste gráfico suyo y una frase: la inspiración llega cuando menos lo esperas. Y es cierto. Así que te aplicas y piensas como el pintor que a mí la inspiración siempre me llega trabajando. ¡A dibujar! Aunque sea en el Cercanías. Aquel otoño empecé a usar el tren tanto para ir al trabajo como para ver a mi novia, y los lápices echaban humo...