12 de abril de 2006

Gibrat o el protagonismo de las mujeres


Ésto no es la cárcel de papel. Mi presupuesto es muy limitado para adquirir tebeos y preparo listas de los títulos que quiero comprar con meses de antelación. Hago lo mismo con los libros o los discos, espero a que bajen de precio. En el caso de los tebeos, es esperar en vano: salvo que liquiden fondos de alguna tienda como Castilla Cómics (Valladolid), me tengo que rascar el bolsillo.


La última vez que he rebuscado en el bolsillo, y gracias a mi vecino Eduardo, me he regalado los dos tomos de El vuelo del Cuervo, de Gibrat. Su segundo tomo está nominado a mejor dibujo en Angoulême 2006. A Gibrat lo descubrí gracias a una historieta que publicó la desaparecida Cimoc: Carole va de compras (Cimoc #135). Gibrat se ocupaba del dibujo y del guión. Se trataba de una historia en cuatro páginas de tinte erótico, con semidesnudos más sugeridos que mostrados. El dibujo de Gibrat llamaba la atención: a pluma y color de acuarela. No leí más de él y al poco Cimoc echó el cierre. Hasta que salió La prórroga. Todo un descubrimiento: Gibrat no sólo dibujaba magníficamente bien, sino que era capaz de escribir una historia de amor en tiempos de guerra, trágica, tierna, entrañable y muy, muy bien ambientada ¡y en dos tomos!. El argumento es simple: un desertor del ejército francés Julien, regresa a escondidas a su pueblo, reencontrándose con el amor de su vida, Cécile. La edición española se complementea con una entrevista al autor ilustrada con algunas de sus hojas de bocetos y personajes, que muestran parte del trabajo tras las bambalinas. Extrañamente, se presenta como la primera historia que Gibrat escribe y dibuja. Como dije, Carole va de compras es anterior -se recopiló en alguno de los álbumes colectivos Historias Frívolas.


Y llegamos a La hora del cuervo. Se trata de una historia complementaria que comparte personajes -Jeanne, la protagonista, es hermana de Cécile, y ésta tiene un papel secundario en la historia-. En cierto sentido recuerda a El diario azul y Después de la lluvia de André Juillard. Aquí Jeanne milita en la Resistencia y una denuncia anónima la lleva a compartir su celda con un ladrón. Por deformación, uno siempre considera a los protagonistas masculinos. Pero en éstas dos historias, las auténticas protagonistas son las féminas.